Fallece el ´Boli´ el penúltimo de los Ratones

8:36 Nico 0 Comments

Francisco Reyes Páez «El Boli» / J. J. COMAS


Francisco Reyes Páez «El Boli» ha fallecido este viernes en Sevilla a la edad de 84 años. El Boli era uno de los últimos eslabones de la mítica cuadrilla de los ratones de Rafael Franco, considerada como la mejor de la historia.

Dueño y señor de la primera trabajadera de la mayoría de los pasos de palio de Sevilla, concedió su última entrevista en la revista Pasión en Sevilla. Entonces tenía 82 años y andaba a pasitos cortos, como aprendió a hacer como peón de Rafael Franco. Su piel oscura denotaba que había sido un trabajador incansable, de sol a sol, de mármol a mármol, y sin aliviarse jamás. Un tatuaje en su brazo izquierdo y la camisa abierta que lo dejaba a pecho descubierto frente a quien buscaba desentrañar todos los secretos guardados de tantos años en la pelea. Sus pies gastados marcaron el compás de la leyenda que sentó las bases del andar con gracia de los palios.

«Estas casas las construyó el Tito Paco», decía en referencia al barrio de Juan XXIII donde vivía, con un arte que podía provenir sólo de Triana. Y es que el hogar de El Boli lo presidía la Esperanza, a la que nunca le faltaban las flores. «No he sacao yo veces a la Esperanza de Triana, siempre ha sido mi vecina y es a la que yo he querido más», afirmaba. No era hermano, pero como si lo fuera. Su mundo era el costal. Por eso, fue miembro fundador de la Patrona de Capataces y Costaleros, Madre de Dios del Rosario, de la que fue uno de sus hermanos más antiguos y promotor del patronazgo.

Prueba de cómo se multiplicaban estos ratones de Rafael Franco era que, sacando tantos años a la Esperanza de Triana, tuvo también el honor de pasear a la Macarena durante su Coronación, de la que ahora se cumplen 50 años. Francisco, ¿aquel día llovió no? «Llovió dice, lo que no escampó», decía con guasa. El 31 de mayo de 1964 lo recuerda como uno de los días de los que más orgulloso se sintió en su vida. Un trianero de pro debajo de la Macarena, para que luego digan.
El Boli aprendió de los más grandes: Ariza el Viejo, Rafael Franco (padre e hijo), Alfonso Borrero… Pero su padre en esto del costal era Rafael Franco. Tanto lo quería que, cuando murió, sus ratones se ciñeron bajo el féretro para llevarlo al cielo. Él fue uno de ellos, quien también echó sus cenizas en la iglesia de Vera Cruz, su hermandad de siempre, y donde reposan sus restos.
El Boli medía 1,60 metros e iba en primera. Tanto era así, que cuando fueron a sacar a la Reina de Todos los Santos, los zancos del paso estaban sobre unos cubos de madera para que estuvieran más elevados… y ninguno de los hombres llegaba a las trabajaderas.
El Boli, en su última entrevista / J. J. COMAS
El Boli, en su última entrevista / J. J. COMAS

Francisco Reyes Páez era albañil «y nunca me faltó el trabajo», señalaba. Viajó por trabajo en tantas ciudades como pudiera recordar, incluida Francia. Y para ganarse «unas perras más«, se metió bajo los pasos de la mano de su hermano, que estaba en la cuadrilla de la Puerta Osario. Para diferenciarse entre ellos, fue su hermano quien le puso el mote de El Boli. Y así fue para siempre.
En el año 44 sacó por primera vez El Calvario con 14 años. Recordaba exactamente cuánto ganó aquella Madrugada: «30 pesetas». Después de eso, sacó «casi todas las cofradías, menos al Porvenir o San Bernardo», indicaba. También echaba en falta haber sacado a la Canina, aunque «no mucho. Fíjate que un Viernes Santo que saqué Montserrat, cuando la recogimos, me fui a meter a la Soledad de San Buenaventura, que aún no había entrado y venía cortita de fuerzas», comentaba. Así era el trabajo de Francisco Reyes Páez. Un peón que rehuía hablar de la leña que daban los pasos. «Éramos hombres», sentenciaba.
Desde 1944 hasta mediados de los 70, El Boli vivía bajo los pasos durante la Semana Santa. Pero llegó el momento de dejarlo: «yo no me retiré, me retiraron», afirmaba. Después de haberlo sacado todo, incluso pasos en municipios como Lepe, donde trabajaba como perito un hijo de Rafael Franco que sacaba una cofradía de vísperas; las cuadrillas profesionales fueron dejando paso a las de los hermanos costaleros. «Rafael decía que tenía que cobrar los pasos y que no iba a ir de balde, así que nos propusieron ir de sustitutos por si fallaban los hermanos. Rafael se negaba a eso». De esta forma, puso fin a treinta años de servicio, con un costal, una faja, alpargatas y un cajetín de tabacos en el bolsillo.
El Boli conservaba como oro en paño la entrevista que le sacó ABC en el año 1989. Eran sus recuerdos de una etapa de la que siente «mucho orgullo». Así era El Boli, un hombre con mayúsculas, capaz de sacar a su familia adelante trabajando de sol a sol y de mármol a mármol. De la obra al palo y viceversa. Era justo que se le reconociera porque era el penúltimo de los ratones.
Su féretro está en el tanatorio de la SE-30, Sala 1, y el responso será en la capilla del mismo tanatorio a las 13:45 horas de este sábado. Francisco Reyes Páez “El Boli”, costalero de leyenda.
De parte de todos los que formamos el blog nuestras condolencias para la familia.

Te puede interesar

0 DEJA TU COMENTARIO :

Gracias por tu opinión sobre la entrada.

Si deseas incluir un enlace utiliza este código:

<a href="Dirección de tu página">Titulo del enlace</a>